Un hermoso viejo animal

“No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.”
Dylan Thomas
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DETRÁS de su jaula vidriada, el chimpancé me mira fijamente. Un cartel en el zoológico de Buenos Aires dice de él:
Pancho, personaje ilustre del zoo
En este lugar vive el animal de mayor edad del zoo. Su nombre es Pancho. Tiene 50 años y llegó a nuestro zoo en 1973 siendo ya adulto.
Durante mucho tiempo compartió su lugar con varios chimpancés. Ahora su avanzada edad, su gastada dentadura y una disminuida visión, no le permiten compartir el lugar con otros de su misma especie. Su condición lo pone en desventaja frente a la fortaleza y juventud de otros machos que se impondrían para dominar el grupo corriendo riesgo de ser lastimado o no poder competir por el alimento.
(…) Pancho recibe cotidianamente cajas, telas, botellas de yogurt, pelotas y variados juegos que lo estimulan y lo mantienen activo”
El animal tiene apenas dos años más que yo, pero se mueve penosamente como un anciano centenario. Si no viviera en el zoológico estaría irremediablemente muerto. En la selva no hay ni animales viejos, ni animales enfermos.
Al lado de la jaula de Pancho hay una familia completa de chimpancés jóvenes. Un macho de gran tamaño, una hembra y un cachorro. Mientras se acerca la gente a verlos, hago un video que muestra cómo la hembra los mira a ellos:
Hace muchos años atrás, los chimpancés estaban encerrados en otra parte del zoológico. En la foto de abajo mis hijos Vicente y Antonio aparecen frente a aquellas viejas jaulas de barrotes de hierro. Ahí vivió -yo lo recuerdo- Pancho.
En esa época, como ahora, mucha gente se burlaba de los animales, especialmente de los chimpancés. Recuerdo que había un mono que le pedía cigarrillos a la gente y fumaba. También, me acuerdo de otro chimpancé que esperaba acurrucado en el fondo de la jaula a que el público se juntara, entonces, repentinamente, saltaba hacia el frente y agarrado de los barrotes escupía con todas sus fuerzas en la cara de alguien.
El mono que fumaba o el mono que escupía furioso, uno de los dos debe haber sido Pancho. Ahora, apagado, no hace ninguna de las dos cosas. Lo entretienen con “cajas, telas, botellas de yogurt, pelotas”. Si me dejaran a mí le daría cigarrillos, lo dejaría que escupiera a la gente, le llevaría de vez en cuando el cachorro de la jaula de al lado, buscaría una forma para que este ilustre y viejo animal no muriera así.
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Gracias a Pedro G. que musicalizó el video
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“No entres dócilmente es esa noche quieta”
Dylan Thomas
Continúa!





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